La fibra óptica es un medio de transmisión empleado habitualmente en redes de datos; un hilo muy fino de material transparente, vidrio o materiales plásticos, por el que se envían pulsos de luz
que representan los datos a transmitir. El haz de luz queda
completamente confinado y se propaga por el interior de la fibra con un
ángulo de reflexión por encima del ángulo límite de reflexión total, en función de la ley de Snell. La fuente de luz puede ser láser o un LED.
Las fibras se utilizan ampliamente en telecomunicaciones,
ya que permiten enviar gran cantidad de datos a una gran distancia, con
velocidades similares a las de radio y superiores a las de cable
convencional. Son el medio de transmisión por excelencia al ser inmune a
las interferencias electromagnéticas, también se utilizan para redes
locales, en donde se necesite aprovechar las ventajas de la fibra óptica
sobre otros medios de transmisión.
El uso de la luz para la codificación de señales no es nuevo, los
antiguos griegos usaban espejos para transmitir información, de modo
rudimentario, usando luz solar. En 1792, Claude Chappe
diseñó un sistema de telegrafía óptica, que mediante el uso de un
código y torres y espejos distribuidos a lo largo de los 200 km que
separan Lille y París, conseguía transmitir un mensaje en tan sólo 16
minutos.
La gran novedad aportada en nuestra época es la de haber conseguido
“domar” la luz, de modo que sea posible que se propague dentro de un
cable tendido por el hombre. El uso de la luz guiada, de modo que no
expanda en todas direcciones, sino en una muy concreta y predefinida se
ha conseguido mediante la fibra óptica, que podemos pensar como un
conducto de vidrio -fibra de vidrio ultra delgada- protegida por un
material aislante que sirve para transportar la señal lumínica de un
punto a otro.
Además tiene muchas otras ventajas, como bajas pérdidas de señal,
tamaño y peso reducido, inmunidad frente a emisiones electromagnéticas y
de radiofrecuencia y seguridad.
Como resultado de estudios en física enfocados de la óptica, se descubrió un nuevo modo de empleo para la luz llamado rayo láser.
Este último es usado con mayor vigor en el área de las
telecomunicaciones, debido a lo factible que es enviar mensajes con
altas velocidades y con una amplia cobertura. Sin embargo, no existía un
conducto para hacer viajar los fotones originados por el láser.
La posibilidad de controlar un rayo de luz, dirigiéndolo en una trayectoria recta, se conoce desde hace mucho tiempo. En 1820, Augustin-Jean Fresnel
ya conocía las ecuaciones por las que rige la captura de la luz dentro
de una placa de cristal lisa. Su ampliación a lo que entonces se conocía
como cables de vidrio fue obra de D. Hondros y Peter Debye en 1910.
El confinamiento de la luz por refracción, el principio de que posibilita la fibra óptica, fue demostrado por Daniel Colladon y Jacques Babinet en París en los comienzos de la década de 1840. El físico irlandés John Tyndall
descubrió que la luz podía viajar dentro de un material (agua),
curvándose por reflexión interna, y en 1870 presentó sus estudios ante
los miembros de la Real Sociedad.1
A partir de este principio se llevaron a cabo una serie de estudios, en
los que demostraron el potencial del cristal como medio eficaz de
transmisión a larga distancia. Además, se desarrollaron una serie de
aplicaciones basadas en dicho principio para iluminar corrientes de agua
en fuentes públicas. Más tarde, J. L. Baird
registró patentes que describían la utilización de bastones sólidos de
vidrio en la transmisión de luz, para su empleo en un primitivo sistema
de televisión de colores. El gran problema, sin embargo, era que las
técnicas y los materiales usados no permitían la transmisión de la luz
con buen rendimiento. Las pérdidas eran grandes y no había dispositivos
de acoplamiento óptico.
Solamente en 1950 las fibras ópticas comenzaron a interesar a los
investigadores, con muchas aplicaciones prácticas que estaban siendo
desarrolladas. En 1952, el físico Narinder Singh Kapany, apoyándose en los estudios de John Tyndall, realizó experimentos que condujeron a la invención de la fibra óptica.
Uno de los primeros usos de la fibra óptica fue emplear un haz de fibras para la transmisión de imágenes, que se usó en el endoscopio médico. Usando la fibra óptica, se consiguió un endoscopio semiflexible, el cual fue patentado por la Universidad de Míchigan
en 1956. En este invento se usaron unas nuevas fibras forradas con un
material de bajo índice de refracción, ya que antes se impregnaban con
aceites o ceras. En esta misma época, se empezaron a utilizar filamentos
delgados como el pelo que transportaban luz a distancias cortas, tanto
en la industria como en la medicina, de forma que la luz podía llegar a
lugares que de otra forma serían inaccesibles. El único problema era que
esta luz perdía hasta el 99% de su intensidad al atravesar distancias
de hasta 9 metros de fibra.
Charles K. Kao,
en su tesis doctoral de 1956, estimó que las máximas pérdidas que
debería tener la fibra óptica, para que resultara práctica en enlaces de
comunicaciones, eran de 20 decibelios por kilómetro.
En 1966, en un comunicado dirigido a la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, los investigadores Charles K. Kao y G. A. Hockham, de los laboratorios de Standard Telecommunications,
en Inglaterra, afirmaron que se podía disponer de fibras de una
transparencia mayor y propusieron el uso de fibras de vidrio y luz, en
lugar de electricidad
y conductores metálicos, en la transmisión de mensajes telefónicos. La
obtención de tales fibras exigió grandes esfuerzos de los
investigadores, ya que las fibras hasta entonces presentaban pérdidas
del orden de 100 dB/km,
además de una banda pasante estrecha y una enorme fragilidad mecánica.
Este estudio constituyó la base para mejorar las pérdidas de las señales
ópticas que hasta el momento eran muy significativas y no permitían el
aprovechamiento de esta tecnología. En un artículo teórico, demostraron
que las grandes pérdidas características de las fibras existentes se
debían a impurezas diminutas intrínsecas del cristal. Mientras tanto,
como resultado de los esfuerzos, se hicieron nuevas fibras con
atenuación de 20 dB/km y una banda pasante de 1 GHz
para un largo de 1 km, con la perspectiva de sustituir los cables
coaxiales. La utilización de fibras de 100 µm de diámetro, envueltas en
nylon resistente, permitirían la construcción de hilos tan fuertes que
no podían romperse con las manos. Hoy ya existen fibras ópticas con
atenuaciones tan pequeñas de hasta 1 dB/km, lo que es muchísimo menor a
las pérdidas de un cable coaxial.
El artículo de Kao-Hockman estimuló a algunos investigadores a
producir dichas fibras con bajas pérdidas. El gran avance se produjo en
1970, cuando los investigadores Maurer, Keck, Schultz y Zimar que
trabajaban para Corning Glass, fabricaron la primera fibra óptica
aplicando impurezas de titanio en sílice, con cientos de metros de largo
con la claridad cristalina que Kao y Hockman habían propuesto. Las
pérdidas eran de 17 dB/km. Durante esta década las técnicas de
fabricación se mejoraron, consiguiendo pérdidas de tan solo 0,5 dB/km.
Poco después, Panish y Hayashi, de los laboratorios Bell, mostraron
un láser de semiconductores que podía funcionar continuamente a
temperatura ambiente. En 1978 ya se transmitía a 10 Gb km/segundos.
Además, John MacChesney y sus colaboradores, también de los laboratorios
Bell, desarrollaron independientemente métodos de preparación de
fibras. Todas estas actividades marcaron un punto decisivo ya que ahora,
existían los medios para llevar las comunicaciones de fibra óptica
fuera de los laboratorios, al campo de la ingeniería habitual. Durante
la siguiente década, a medida que continuaban las investigaciones, las
fibras ópticas mejoraron constantemente su transparencia.
El 22 de abril de 1977, General Telephone and Electronics envió la primera transmisión telefónica a través de fibra óptica, en 6 Mbit/s, en Long Beach, California.
El amplificador que marcó un antes y un después en el uso de la fibra
óptica en conexiones interurbanas, reduciendo el coste de ellas, fue el
amplificador óptico inventado por David N. Payne, de la Universidad de Southampton, y por Emmanuel Desurvire en los Laboratorios Bell. A ambos se les concedió la Medalla Benjamin Franklin en 1988.
En 1980, las mejores fibras eran tan transparentes que una señal
podía atravesar 240 kilómetros de fibra antes de debilitarse hasta ser
indetectable. Pero las fibras ópticas con este grado de transparencia no
se podían fabricar usando métodos tradicionales. El gran avance se
produjo cuando se dieron cuenta de que el cristal de sílice puro, sin
ninguna impureza de metal que absorbiese luz, solamente se podía
fabricar directamente a partir de componentes de vapor, evitando de esta
forma la contaminación que inevitablemente resultaba del uso
convencional de los crisoles de fundición. El progreso se centraba ahora
en seleccionar el equilibrio correcto de componentes del vapor y
optimizar sus reacciones. La tecnología en desarrollo se basaba
principalmente en el conocimiento de la termodinámica química, una
ciencia perfeccionada por tres generaciones de químicos desde su
adopción original por parte de Willard Gibbs, en el siglo XIX.
También en 1980, AT&T presentó a la Comisión Federal de Comunicaciones
de los Estados Unidos un proyecto de un sistema de 978 kilómetros que
conectaría las principales ciudades del corredor que iba de Boston a Washington D. C..
Cuatro años después, cuando el sistema comenzó a funcionar, su cable,
de menos de 25 centímetros de diámetro, proporcionaba 80.000 canales de
voz para conversaciones telefónicas simultáneas. Para entonces, la
longitud total de los cables de fibra únicamente en los Estados Unidos
alcanzaba 400.000 kilómetros (suficiente para llegar a la luna).
Pronto, cables similares atravesaron los océanos del mundo. El primer enlace transoceánico con fibra óptica fue el TAT-8
que comenzó a operar en 1988, usando un cristal tan transparente que
los amplificadores para regenerar las señales débiles se podían colocar a
distancias de más de 64 kilómetros. Tres años después, otro cable
transatlántico duplicó la capacidad del primero. Los cables que cruzan
el Pacífico también han entrado en funcionamiento. Desde entonces, se ha
empleado fibra óptica en multitud de enlaces transoceánicos o entre
ciudades, y paulatinamente se va extendiendo su uso desde las redes
troncales de las operadoras hacia los usuarios finales.
Hoy en día, debido a sus mínimas pérdidas de señal y a sus óptimas
propiedades de ancho de banda, la fibra óptica puede ser usada a
distancias más largas que el cable de cobre. Además, las fibras por su
peso y tamaño reducido, hace que sea muy útil en entornos donde el cable
de cobre sería impracticable.
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